DOLOR: Sufrimiento, Pérdida del Autocontrol y Calidad de Vida

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Perspectiva de un Paciente:

“Uno de los peores aspectos del dolor por cáncer es que constantemente me recuerda la enfermedad y la muerte. El temor al dolor se vuelve insoportable antes de la muerte y aquellos que participamos en las redes de apoyo confirmamos que estos temores son verdaderos.

El dolor parece muy grande cuando lo enfrentamos solos, pero un gran número de nosotros está encontrando consuelo en los grupos de apoyo, allí tratamos temas como el control personal, la comunicación con los médicos y enfermeras, las terapias adyuvantes y otros asuntos.

Mi sueño es un tratamiento que pueda aliviar el dolor, que permita estar alerta y sin efectos colaterales.”

(Jeanne Stover, Miembro del Panel, 1991 – 1992).

El dolor por cáncer se puede resolver con la curación del paciente o puede continuar indefinidamente incluso como una complicación de las terapias utilizadas. Aunque frecuentemente el dolor por cáncer se considera como una crísis que aparece en los estados avanzados de la enfermedad, puede presentarse por múltiples razones y causar sufrimiento, pérdida de control y deteriorar la calidad de vida en cualquier etapa de la enfermedad, incluso en los pacientes cuya condición es estable y cuya esperanza de vida es prolongada.

El sufrimiento genera una sensación de amenaza para la autoestima y la vida, ocasiona pérdida de la capacidad de lucha para enfrentar los síntomas o problemas causados por el cáncer, ocasiona sensación de pérdida personal y pérdida de la esperanza. “El sufrimiento puede incluir dolor físico, pero no significa que esté limitado a él… generalmente, el sufrimiento puede ser definido como un estado de aflicción severa relacionado con eventos que amenazan la integridad personal… El sufrimiento de los pacientes con cáncer terminal puede ser aliviado y se puede demostrar que el dolor es controlable” (Cassel, 1982).

El dolor puede aumentar el sufrimiento del individuo empeorando la sensación de abandono, impotencia, ansiedad y depresión. La sorpresa y la incredulidad, seguidas por la ansiedad y depresión (irritabilidad y trastornos del apetito y del sueño, incapacidad para concentrarse o efectuar actividades normales) son expresiones comunes cuando la persona se entera que padece cáncer, o cuando descubre que el tratamiento ha fracasado o la enfermedad recurre (Massie and Holland, 1990). Estos síntomas generalmente se resuelven en pocas semanas con apoyo de la familia y las personas que participan en el equipo de cuidado. En ocasiones en estos periodos de crísis puede ser necesario el tratamiento farmacológico de la ansiedad y el insomnio. “El alivio del sufrimiento y la curación del enfermo deben ser vistas como actividades para-lelas cuando la práctica profesional está dedicada al cuidado del enfermo” (Cassel, 1982).

“La obligación de aliviar el sufrimiento es un componente esencial de la ética médica, es imperativo para los profesionales de la salud mantener la habilidad clínica para conocer el manejo del dolor, incluso cuando los programas curriculares no lo incluyan.” – Ñ Caín and Hammes, 1994.

El control personal o autocontrol se refiere a la capacidad del individuo para decidir acciones inmediatas y modificar las circunstancias futuras a través de su propio accionar, (Wallston, Wallston, Smith, et al., 1987) el autocontrol incluye:

  • Predecir exitosamente eventos y respuestas.
  • Escoger entre varias opciones.
  • Mantener la capacidad de adaptación.
  • Adquirir y emplear información relevante.
  • Utilizar los grupos de apoyo social o de otro tipo.

El control personal se disminuye cuando se diagnostica el cáncer y se reduce aún más con el dolor progresivo, los procedimientos invasivos, toxicidad de los tratamientos, hospitalización y cirugía. Cuando el dolor reduce la capacidad del paciente para mantener el control, disminuye el bienestar psicológico y produce sentimientos de desesperanza y vulnerabilidad. Por lo tanto, los médicos deben apoyar activamente la participación del paciente en el manejo del dolor.

La calidad de vida de los pacientes con dolor por cáncer es significativamente menor comparada con la de los pacientes con cáncer que no tienen dolor (Ferrell, Rhiner, Cohen, et al., 1991). Los familiares y las personas cercanas a los pacientes con cáncer comparten el sufrimiento, la pérdida del control y el deterioro de la calidad de vida y experimentan también estrés social y psicológico. Los familiares que cuidan al enfermo necesitan dormir y aliviar la carga emocional y socioeconómica derivada de la enfermedad.

Incluso en ausencia de estrés psicológico, emocional y físico, la familia puede no estar preparada para enfrentar las necesidades del paciente. Ellos con frecuencia deben evaluar el dolor, tomar decisiones acerca de la cantidad y el tipo de medicamentos y determinar cuando administrar la dosis. Las estrategias sofisticadas para el manejo del dolor pueden requerir el manejo de regímenes de medicación complejos que involucran infusiones parenterales o epidurales en casa

En otros casos los familiares que cuidan al enfermo vacilan en administrar las dosis adecuadas de analgésicos opioides por temores infundados o mitos sobre la tolerancia, dependencia y riesgo de depresión respiratoria (Ferrell, Cohen, Rhiner, et al., 1991). Los clínicos deben tranquilizar a los pacientes y a sus familias informando que en la mayoría de los casos el dolor puede ser aliviado con seguridad y eficacia. La familia puede carecer de preparación adecuada para enfrentar los retos que requiere el alivio del dolor o pueden hacer negación del dolor que sufre el paciente, para no aceptar la posibilidad que la enfermedad está progresando. Estas situaciones requieren diálogo entre pacientes, familiares y profesionales de la salud experimentados en el manejo del dolor.

Dr. Adolfo Hoffmann